miércoles, 19 de enero de 2011

Contra tu voluntad

Juan se asomó a la vieja ventana raída por las termitas; la misma historia de siempre: Su padre acompañado de un compañero que le ayudaba a mantenerse en pie. Entró en casa y empezó una vez más a maldecir la hora en que Juan nació y los problemas que estaba dando por el simple hecho de que quisiera estudiar. Era una familia pobre y no estaban en su mejor etapa.

Su padre alcanzaba la edad de los cincuenta, tenía el pelo canoso y unos ojos claros que parecía que se le iban a salir de las órbitas. Padecía de alcoholismo y como consecuencia, problemas de hipertensión.


Su padre trabajaba en un campo que últimamente no estaba dando muchos beneficios por la falta de cuidados. Siempre le reprochaba que todo era su culpa, que si no se le metiese en la cabeza “eso” de estudiar y le ayudase más en el campo, saldrían de la crisis en la que estaban; vivirían como una familia normal.

Era su madre la que tenía que trabajar en otros hogares para traer algo de dinero a casa para que luego el alcohólico de su marido, pudiese emborracharse todas noches y faltar al respeto a todo aquel que se encontrara por el camino.

Juan tenía dudas: Quería estudiar pero también quería ayudar a su madre.

Ante esta idea, su madre decía: “No te preocupes hijo, saldremos adelante y tu tendrás el futuro que te mereces”.

Juan era un buen estudiante a pesar de la falta de material en su casa. Sacaba buenas notas a base de aprovechar los recreos para estudiar. No tenía demasiados amigos-por no decir ninguno- ni tampoco le importaba. Su deseo de toda la vida era ser doctor algún día y poder ayudar a todo aquél que lo necesitara.

Sin embargo, a veces el poder de autoestima que tenía era vencido por las palabras de su padre y las condiciones de vida. ¡Cómo podría un chico como él llegar a una profesión como la medicina! ¿Cómo se pagaría la universidad? ¿Iba a dejar sola a su madre con el destalentado y enfermo de su marido?


1 comentario:

  1. Genial. Muy muy bien, Carmen . Ojalá sea verdad y continúe ;-))

    (Y entre nosotras: deberías animarte y presentarte al concurso...)

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